Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum eligió al pueblo. No un palco, no una sala reservada, no un espacio aislado. Eligió la cancha del pueblo. Mientras los privilegios de siempre se acomodaban en los palcos del Estadio Ciudad de México, nuestra presidenta vivió la inauguración del Mundial 2026 desde el Deportivo Hermanos Galeana, en Gustavo A. Madero, una de las 18 sedes gratuitas del gobierno de la CDMX. La acompañó la jefa de Gobierno Clara Brugada. Y la acompañó algo más importante: el pueblo mexicano.
“A quienes queremos a México, nos va bien en la cancha, va bien en la vida y va bien en la política. Una alegría enorme. ¡Felicidades a todo el pueblo de México, a todas y a todos los mexicanos!”, expresó nuestra presidenta Claudia Sheinbaum.
La playera #26, el grito de gol, el abrazo con Brugada
Vistió la playera verde #26, con su apellido en la espalda. Saludó a vecinas y vecinos. Cuando llegó el primer gol al minuto nueve, brincó del asiento, abrazó a Brugada, agitó la bandera con la secretaria de Cultura capitalina Ana Francis Mor. Cuando llegó el segundo, el grito fue de toda la familia mexicana. Igual que en cada casa, igual que en cada plaza, igual que en cada El Ángel.
Los niños con la presidenta
En el segundo tiempo, cinco o seis niños se sentaron a los pies de nuestra presidenta. Platicaron con ella, le hablaron, le preguntaron, vivieron al lado de ella su primer Mundial en México. Una madre, Fernanda Torres, narró desde las vallas: “Estoy bien emocionada, nunca creí que mis hijos pudieran ver el Mundial en su país… ¡y junto a su presidenta!”. Ese momento, la presidenta sin valla, sin guardia entre ella y los niños, es el retrato de una nueva manera de gobernar.
El boleto 0001 que regaló al pueblo
Nuestra presidenta recordó por qué no estuvo en el estadio. Los boletos costaban hasta 120 mil pesos, una cifra que muy pocas familias mexicanas pueden pagar. Por eso regaló el boleto 0001 que la FIFA le había entregado, y lo abrió a concurso: ganó Yolett Cervantes Cuaquehua, joven veracruzana de raíces indígenas, de 21 años. “La pasó de maravilla y nos representó muy bien a todas y a todos los mexicanos”, dijo la presidenta.
Esa es la fuerza de la Cuarta Transformación
Cuando una presidenta brinca del asiento al primer gol entre los suyos, cuando se sienta con niños y niñas en una sede popular, cuando comparte la bandera con la jefa de Gobierno, cuando el palco se queda para quienes pagan y la cancha del pueblo se queda con quien gobierna, lo que se construye es una nueva relación entre el poder y el pueblo. Esa es la fuerza de la Cuarta Transformación. Y por eso, como dijo nuestra presidenta, “al que quiere a México le va bien en todo”.

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