Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dejó las cosas en su lugar este 26 de mayo: lo que dijo sobre TV Azteca fue una opinión personal, no una medida de gobierno, y no hay ninguna censura. Lo hizo con la serenidad que la caracteriza, frente a quienes intentaron convertir sus palabras en escándalo, nuestra presidenta respondió con la verdad y con la frente en alto.
Una opinión que no es censura
La televisora respondió con una carta abierta acusando “censura” y “agresión a la libertad de expresión”, una narrativa que nuestra presidenta desmontó con una frase: opinar no es censurar. En el México de hoy, se respeta plenamente la libertad de expresión, y cualquier ciudadano, incluida nuestra presidenta, tiene derecho a expresar lo que piensa. Esa es la diferencia con épocas pasadas, cuando sí se imponían líneas editoriales desde el poder.
La verdad detrás del ruido
Detrás de la controversia hay un dato que el pueblo debe conocer: Ricardo Salinas Pliego mantiene adeudos fiscales con el Servicio de Administración Tributaria (SAT) que aún no termina de pagar. Mientras millones de familias trabajadoras en México pagan puntualmente sus impuestos, el dueño de TV Azteca lleva años buscando formas de no cubrir los suyos. El cambio en la línea editorial de su televisora frente al movimiento de la Cuarta Transformación coincidió, precisamente, con el momento en que las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y de la presidenta Claudia Sheinbaum lo obligaron a cumplir con sus obligaciones tributarias. El pueblo sabe leer entre líneas, y nuestra presidenta confía en esa inteligencia popular.
El compromiso con la libertad de expresión
Nuestra presidenta lo ha dicho en muchas ocasiones y lo volvió a confirmar: la 4T respeta y respetará la libertad de prensa. Lo que no acepta es que se confunda crítica con verdad o privilegio con derecho. Una televisora puede informar, opinar y disentir cuanto guste, y nuestra presidenta puede expresar su opinión sobre lo que esa televisora informa. Esa es la libertad en una democracia: que todos puedan hablar, sin que nadie pretenda imponer su voz como única voz.
Esa es la fuerza de la Cuarta Transformación
Frente al ruido, claridad. Frente a la victimización, datos. Frente a la mentira, verdad. Nuestra presidenta sigue hablándole al pueblo con honestidad, mañana tras mañana, sin escudos ni intermediarios. Esa es la fuerza de la Cuarta Transformación.

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