Un libro explora cómo la percepción social de los senos influye en la vida y la identidad femenina

La socióloga canadiense Sarah Thornton, tras someterse a una doble mastectomía preventiva en 2018, emprendió una investigación de cuatro años…

La socióloga canadiense Sarah Thornton, tras someterse a una doble mastectomía preventiva en 2018, emprendió una investigación de cuatro años para comprender los múltiples significados y usos de los senos en la sociedad.

Un viaje personal hacia la comprensión

La académica, quien se describe como “increíblemente afortunada” por no haber desarrollado cáncer a pesar de su historial familiar, conversó con más de 200 mujeres y expertas, visitando desde clubs de striptease hasta bancos de leche materna. Su objetivo era profundizar en una parte del cuerpo femenino que, según ella, ha sido “relativamente incomprendida, desestimada e hipersexualizada”.

Fruto de esa exploración nació el libro “Tits Up: What Our Beliefs About Breasts Reveal About Life, Love, Sex and Society”. Thornton descubrió que, en inglés británico, “tits up” es una expresión para describir un desastre, pero que algunas mujeres en Estados Unidos la usan de forma positiva para desearse buena suerte, animándose a “echar los hombros para atrás y desenvolverte con éxito”.

La carga de la sexualización temprana

La investigadora encontró que un 40% de las mujeres en Occidente no se sienten satisfechas con sus senos, siendo la cirugía mamaria la intervención plástica más común a nivel mundial. Thornton señala un problema inmenso: la asociación que persiste en muchos lugares entre los senos grandes en adolescentes y una supuesta “disponibilidad sexual”, lo que las expone a mayor acoso.

“Mi cerebro era el de una niña de 12 años, era muy inocente, pero había hombres que me veían como si tuviera 18 años”, relata Thornton sobre su propia experiencia de desarrollo temprano, calificando esas vivencias como potencialmente traumáticas. A los 15 y 16 años sufrió agresiones sexuales, lo que la llevó a “enterrar” sus senos bajo ropa holgada de cuello alto.

Raíces históricas de una mirada distorsionada

La autora plantea que la sexualización de los senos en Occidente, y la idea de que “son para atraer a los hombres”, es un fenómeno relativamente reciente. Se remonta al Renacimiento francés del siglo XV, vinculado al uso de nodrizas por la aristocracia. “Los reyes franceses convirtieron en un fetiche los senos de sus amantes que nunca amamantaron”, indica Thornton.

Esa visión se expandió por Europa, llegó a Estados Unidos y fue explotada por Hollywood después de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en el “principal activo” de estrellas como Marilyn Monroe, Jane Mansfield y Sofía Loren. La invención del implante mamario de silicona a principios de los años 60 popularizó aún más el culto al tamaño.

Reclamar la propia narrativa

Thornton destaca el papel del movimiento feminista en la creación de conciencia sobre el cuerpo femenino, aunque cree que históricamente se enfocó más en la parte inferior. Ella aboga por los derechos de las mujeres “sobre sus partes superiores”: a elegir estar topless, usar o no sujetador, amamantar o no, y modificar sus senos o no hacerles nada.

La socióloga enfatiza la necesidad de que las mujeres se pregunten cómo se sienten realmente con sus cuerpos, más allá de la mirada masculina para la cual, dice, “hemos sido entrenadas desde muy jóvenes”. También señala la disparidad en cómo se muestran los pezones: mientras los masculinos están “por todas partes”, los femeninos suelen ocultarse.

Una perspectiva global y una lección de humanidad

Su investigación la llevó a culturas donde los senos no son universalmente eróticos. En comunidades indígenas de climas tropicales, “los senos les pertenecen a los bebés”, y en Mali se considera “antinatural” la atracción sexual adulta hacia los pechos femeninos. En Asia, la sexualización no alcanzó los niveles occidentales.

Thornton también analiza la influencia de narrativas religiosas, como la de Eva en el Edén aprendiendo a cubrir su “cuerpo vergonzoso”, que ha permeado la percepción del torso femenino como profano, a diferencia del masculino, representado sagradamente en figuras como Jesucristo.

Para la autora, los senos son “la fuente de la comunicación humana”, esenciales en el vínculo madre-hijo. Cierra invitando a ver en la maternidad y la lactancia, incluyendo la donación de leche entre mujeres, un ejemplo de “colaboración cariñosa” que contrasta con visiones históricas de la humanidad centradas en la guerra y la competencia.

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