Con la firmeza y la claridad que la caracterizan, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum explicó esta mañana cómo entiende la Cuarta Transformación la cooperación internacional: una relación de respeto mutuo, con pruebas y entre naciones soberanas.
Cooperación de verdad: clara, mutua y con pruebas
Nuestra presidenta fue precisa al describir lo que sí queremos: “Nos ayudas con inteligencia, adelante. Tienes información para detenciones de personas relevantes, adelante, dánosla para que nosotros podamos operar.” Si la información sirve para proteger al pueblo de México, bienvenida sea.
Pero la cooperación es de ida y vuelta. Por eso la mandataria también puso sobre la mesa las exigencias de México: la extradición de empresarios que se dedicaron al huachicol durante años y le hicieron mucho daño al país. “Que nos den toda la información y que cumplan sus penas en México. Pero es mutuo y con base en pruebas. Ellos piden pruebas, nosotros también.”
Y para reducir la violencia que tanto duele a las familias mexicanas, la presidenta pidió algo concreto: “Que ellos disminuyan la entrada de armas.” Porque cuidar a México también es cerrarle la puerta al arsenal que cruza por nuestras fronteras.
“Quien decide aquí es el pueblo”
La frase que resume todo el espíritu de la Cuarta Transformación la dijo así nuestra presidenta: “Quien decide aquí es el pueblo, no la presidenta, no el secretario. Es garantizar la soberanía de la nación.”
Una cosa es tomar las mejores experiencias del mundo, y México siempre está abierto a aprender, dijo la presidenta. Y otra muy distinta es bajar la cabeza y permitir que organismos financieros internacionales o agencias extranjeras decidan cómo viven las familias mexicanas, qué hacen con sus recursos o cómo administran su gobierno.
“Una cosa es permitir que ellos digan cómo, que planeen, que hagan e incluso que operen. Y otra cosa muy distinta es: vamos a sentarnos en qué coincidimos, cómo coincidimos, cómo trabajamos.”
Trabajo conjunto: lo que sí hacemos
Nuestra presidenta dejó muy claro que México es un país amigo y solidario. Trabajamos día a día para evitar que el fentanilo llegue a cualquier lugar. Trabajamos para bajar la violencia. Trabajamos en muchísimos temas también para el beneficio del pueblo de Estados Unidos. La presidenta lo dijo con todas sus letras: “Si podemos apoyar al pueblo de Estados Unidos mientras apoyamos al pueblo de México, lo vamos a hacer. De eso no hay duda.”
Esa es la diferencia: México coopera con el mundo, pero no se subordina a nadie. México se sienta a la mesa con la frente en alto.
La dignidad que el pueblo está rescatando
El momento más emotivo llegó cuando nuestra presidenta habló del corazón de México: “La dignidad del pueblo de México no se toca, y se está recuperando. Y quien la rescata es el propio pueblo.”
La mandataria evocó a los Niños Héroes defendiendo la bandera, a los pueblos indígenas de Puebla enfrentándose al ejército francés, el más poderoso de su tiempo, y al pueblo de Veracruz que defendió el puerto en 1914. Recordó también que un presidente estadounidense que participó en la invasión a México escribió que “nunca había visto personas tan valientes y tan dignas como los soldados mexicanos.”
Esa dignidad, heredada de los pueblos originarios, donde lo espiritual tiene un valor profundo, sigue viva en cada familia mexicana.
La invitación de nuestra presidenta
Nuestra presidenta cerró con un mensaje cálido: “No hay que acomplejarse. La defensa de la soberanía le corresponde a la presidenta y al pueblo de México.” Hoy, el pueblo camina con la frente en alto.

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