La historiadora Katlijne Van der Stighelen halló en 1993, en el depósito del Museo de Historia del Arte de Viena, una pintura épica llamada “El triunfo de Baco”, fechada entre 1655 y 1659, cuya autoría se había desconocido por años. La obra resultó ser de la artista Michaelina Wautier, a quien por mucho tiempo se le negó el reconocimiento porque se asumió que la había pintado su hermano Charles.
La persistente omisión del arte femenino
Van der Stighelen explicó que las creaciones de mujeres frecuentemente carecen de firma, son descuidadas y rara vez se restauran, lo que limita las posibilidades de identificar autorías ocultas. Este caso forma parte de un patrón más amplio donde el trabajo artístico femenino ha sido sistemáticamente ignorado o atribuido a varones. Actualmente, una exposición en la Royal Academy de Londres busca rescatar y reivindicar la figura de Wautier, presentándose como la retrospectiva más completa de su obra.
Cinco casos emblemáticos de autoría usurpada
El cuadro “El triunfo de Baco” fue desestimado en el siglo XX por el conservador Gustav Glück, quien declaró que una pintura de tal envergadura jamás podría ser de una mujer. No obstante, Wautier se incluyó a sí misma en la obra, mirando desafiante al espectador. Hoy, esta pieza es considerada una de las cumbres de la colección del Kunsthistorisches Museum y a la artista se la ha llamado “el mayor redescubrimiento artístico del siglo”.
Artemisia Gentileschi, la pintora barroca más célebre del siglo XVII, vio cómo su obra “Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría” se atribuyó a su padre Orazio o a Caravaggio. La autoría le fue formalmente reconocida recién en 2017. Gentileschi, quien sobrevivió a una violación, plasmó en sus cuadros a mujeres heroicas y buscadoras de venganza, amplificando sus roles.
La holandesa Judith Leyster, cuya pintura “Alegre Pareja” se creyó obra de Frans Hals hasta 1892, tuvo su carrera truncada por la crianza de cinco hijos y el apoyo al trabajo de su esposo. Un marchante descubrió que bajo la firma falsa de Hals estaban las iniciales “JL” y una estrella, símbolo de su apellido.
Artistas vanguardistas y un juicio histórico
En el siglo XX, la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, figura radical del dadaísmo, no fue reconocida como coautora de la obra “Dios” —un ensamblaje con una tubería— hasta principios de los años 2000. Por décadas, el crédito fue exclusivamente para el artista Morton Schamberg. Algunos estudiosos también sugieren que ella pudo estar detrás del famoso urinario “Fuente” de Marcel Duchamp.
El caso de la estadounidense Margaret Keane llegó a los tribunales en la década de 1960. Su entonces marido, Walter, se atribuyó la autoría de sus populares pinturas de niños de ojos grandes. Durante el divorcio, un juez ordenó a ambos pintar frente a un caballete; Walter no pudo completar la tarea, mientras Margaret terminó un retrato en una hora, probando así ser la autora real. Su historia fue llevada al cine en la película “Big Eyes” (2014).
La exposición de Michaelina Wautier en la Royal Academy de Londres estará abierta desde el 27 de marzo hasta el 21 de junio de 2026.

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